Existe un puente directo entre lo que sentimos y lo que nos ocurre a nivel físico físicamente: es el sistema nervioso del intestino, que no es solo un conjunto de nervios para digerir alimentos; es una red nerviosa que reacciona a emociones, estrés y hasta pensamientos, transformando el ritmo digestivo y puede alterar o cambiar la percepción de bienestar general.
Lo fascinante es que puede influir en el cerebro tanto como el cerebro en él, transmitiendo señales que pueden afectar el estado de ánimo, la lucidez mental y la energía.
Por eso, las sensaciones como “tener un nudo o mariposas en el estómago” no son solo metáforas poéticas, son respuestas reales de un sistema que conecta lo emocional con lo biológico.
